No hay enemigo pequeño

  • Era una jornada propicia. El colista venía a La Roda y el Alba, líder de los líderes de Segunda B, jugaba frente a otro rival asequible
21 octubre 2013

Nada, que no me sale. Que llevo ya un ratillo para ver como ordeno las ideas y las transmito. Que estoy con el síndrome post fin de semana para echar a los leones. En lo que al fútbol se refiere, naturalmente.

Con la ilusión que me hacía el sábado poder levantarme hoy, echar el cafelito bien temprano y ponerme a hablar y no parar. Era una jornada propicia, mecachis en la mar… El colista en La Roda, el Alba líder de los líderes de Segunda B, frente a otro rival asequible. Pues nada, que no.

Además, los horarios y la tele desde Algeciras, nos hizo plantearnos la manera de acudir a las dos obligaciones. Prácticamente imposible. Así que nos fuimos al Municipal, a ver cómo La Roda le pasaba por encima al colista. “Si vamos cuatro a cero en el descanso, entonces nos vamos a ver al otro, por la tele”. De eso nada. Empate a uno al descanso y muchas dudas que despejar.

Porque el Córdoba B salió al campo hipermotivado, con entrenador nuevo, con ganas de demostrar que estos comienzos han sido un accidente. Disputaron cada centímetro del campo y se fueron a buscar la portería con más frecuencia de la que corresponde al último de la tabla. Sorprendieron con un gol y se fueron a por otro.

Tanta alegría atacante dejó espacios por los que empezó a transitar el equipo rojillo, sacando a relucir las carencias que han llevado al rival cordobesista a la sima clasificatoria. Y empezaron a llegar las oportunidades. Y llegó el gol de Jordi Pablo, que ayer fue de los más entonados. A partir de ahí, daba la impresión de que iba a ser todo más fácil. Pero no.

Empezamos el segundo tiempo y, en vez de culminar la remontada, nos perdimos en un juego insulso de muchos despropósitos, de manera que al entrenador visitante se le ocurrió que si ponía más pólvora sobre el terreno de juego, a lo mejor terminaba por redondear la sorpresa. Dicho y hecho. Encima, el nuestro, nuestro entrenador sacó del campo al goleador Arturo. Total, que nosotros casi ni volvimos a rematar y ellos tuvieron la más mollar, que mandaron por encima del larguero. Visto lo visto, del mal el menos.

Mientras se agotaba el tiempo y la paciencia, desde la grada llegó el comentario: El Alba va perdiendo. De penalti. Pues vaya tardecita se está presentando…

Se acabó el peñazo del Municipal y salimos raudos a ponernos delante de la tele. Nos habían dicho que, en el primer tiempo, el Alba no había jugado bien y que el Algeciras tuvo más ocasiones. Presenciando la segunda parte, no terminábamos de creerlo. A penas un par de veces fueron las que el Algeciras cruzó la raya divisoria. El Alba era dueño y señor del balón, lo movía con sentido, con calidad digna del primer clasificado. El problema es que cuando se pisaba el terreno de la verdad, asomaban las carencias, esas que acucian a los equipos modestos: no hay quien la meta dentro. Encima, Calle y Rubén Cruz, nuestros más afamados artilleros estaban haciendo compañía a Sampedro. En el banquillo, no se alarmen.

Y cuando salieron mejoramos, lástima que no resultara bastante. La mejor oportunidad del partido la propiciaron los dos atacantes aludidos, Cruz para Calle y el disparo a quemarropa del madrileño que se estrella contra los guantes del portero. Es el fútbol. No siempre es suficiente jugar mejor que tu rival, hay que meter el balón entre los tres palos. No hay otra.

Bueno, nada, que habrá que esperar a mejor ocasión. A ver si fuera el próximo fin de semana.

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