Opinión

Mundo Twitter

17 mayo 2013

  • Los arbolitos de 140 caracteres no nos dejan ver el enorme bosque de la realidad

A estas alturas ya nadie pone en duda el gran éxito de la red social del pajarito. Casi la décima parte de la población mundial la usamos, y yo creo que tampoco se puede cuestionar que está cambiando no solamente nuestra forma de acceder a la información, sino incluso nuestra manera de relacionarnos con la realidad que nos circunda. Los 140 caracteres se están convirtiendo en una suerte de unidad de medida para cosas que hace solo siete años (cuando nació Twitter) nos habrían parecido impensables.

Así, ya es casi una moda escribir novelas tuit a tuit. El último caso, al menos conocido, es el del cineasta estadounidense Steven Soderbergh. Recientemente, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen de Madrid, ha lanzado una especie de curso de arte en el que analiza los principales cuadros de la conocida pinacoteca madrileña. El curso se puede seguir a diario, más o menos a partir de las seis de la tarde en directo, y también con el hashtag #Thyssen140. El microteatro, claramente en alza en nuestro país, con salas dedicadas en exclusiva a él en Madrid y Barcelona, es igualmente un reflejo de esa cultura del microblogging: dámelo en píldoras pequeñitas, para que lo pueda consumir rápido porque apenas tengo tiempo.

Nos estamos acostumbrando, peligrosamente diría yo, a parcelar nuestras experiencias en trocitos pequeños, de fácil asimilación, y eso nos lleva a la prisa, la urgencia, la impaciencia y, por fin, la desesperación. Y lo peor de todo es que esos arbolitos de 140 caracteres nos impiden ver el enorme bosque de la realidad, algo que a unos cuantos que yo me sé les viene de perlas. No me extrañaría que, más pronto que tarde, nos dejen el salario mínimo en 140 euros y nos parezca lo más normal del mundo.

el-corazon-de-las-tinieblasLibroJoseph Conrad, El corazón de las tinieblas (Heart of Darkness, 1902). Esta es una de las grandes obras maestras de la literatura del siglo XX. A través de la narración de Marlow, personaje que aparece en otras obras del autor, como Lord Jim o El duelo, viajamos al corazón de África en plena época imperialista, y también al centro de la más profunda corrupción humana, representada por varios personajes de la novela, pero especialmente por Kurtz, que fue magistralmente interpretado por Marlon Brando en la adaptación al cine de Francis Ford Coppola, Apocalypse Now. Conrad te seduce con su narrativa brillante, audaz, incluso experimental en ciertos momentos, y cuando ya te tiene atrapado, te suelta una descarga brutal de la que se tarda bastante en recuperarse del todo. Los críticos siempre han dicho del marino y escritor de origen polaco que consiguió un estilo tan particular, un dominio tan peculiar del inglés precisamente porque no era su lengua materna. Pero eso solamente lo puede conseguir alguien como Conrad. Recomiendo, a quienes dominen el idioma de Shakespeare, que lo lean en la versión original.

TrianaDiscoTriana, El patio (1975). Creo que lo primero que escuché del llamado rock andaluz fue Medina Azahara, en 1980 (o puede que Alameda incluso antes), así que me perdí en su momento los primeros discos de Triana. Pero cuando por fin escuché El patio el impacto fue muy profundo. No era solo rock progresivo, no era solo flamenco, era todo eso y algo distinto al mismo tiempo. Gonzalo García-Pelayo, padre, o al menos padrino, del rock andaluz, lo definió como “lo que King Crimson harían si fueran de Sevilla”. Pues sí, algo así. Temas como Abre la puerta, Sé de un lugar o En el lago, junto con algunos de otros álbumes de Triana (Señor Troncoso, Necesito, Una historia, …) están sin duda entre lo mejorcito que se hizo en el rock español en la segunda mitad de los setenta. El cambio de década no le sentó demasiado bien al trío, y la muerte de su cantante y compositor, Jesús de la Rosa, en un accidente de tráfico en 1983 puso fin a la etapa original del grupo sevillano en un momento en que parecían estar empezando a traicionar su espíritu primigenio. Puede que fuera mejor así.

el-crackPelículaJosé Luis Garci, El crack (1981). Las películas de los diez primeros años como director de Garci (de 1977 a 1987) envejecen bastante mal. Seguramente porque trataban temas demasiado pegados a la realidad del momento, además de la evidente precariedad de medios para el cine español de la época. Pero El crack tiene algo especial que te deja pegado al sillón sin pestañear durante las dos horas que dura la cinta. Por un lado, el director nos cuela sus pasiones, obsesiones a veces: el boxeo, el fútbol y, obviamente, el cine, en especial el género negro. Así, tenemos la dedicatoria a Dashiell Hammett, la mención de Humphrey Bogart o el homenaje a Harry el Sucio en la primera secuencia. También, hacia el final de la peli, un reconocimiento explícito a José Sacristán. Y por otra parte, este largometraje es el punto de inflexión en la carrera de Alfredo Landa, quien, con su soberbia actuación en el papel del detective privado Germán Areta, logró quitarse de un plumazo el enorme peso que, por aquel entonces, representaba para él el landismo, aunque luego lo ha reivindicado con vehemencia. Obvia decir que esta recomendación es mi particular homenaje al gran actor navarro, que falleció el pasado 9 de mayo a los 80 años.

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