Opinión

“¡Google, bórrame!”

19 abril 2013

  • Algo así podría ser la versión moderna del “¡Tierra, trágame!” de toda la vida

El japonés Sakajiro Mishima sobrevivió a las dos bombas atómicas lanzadas sobre su país en 1945. Trabajaba en el puerto de Hiroshima y allí se encontraba el 6 de agosto de aquel año cuando cayó la bomba. El azar (un tropezón que le hizo caer al suelo) le salvó la vida, igual que tres días después, cuando se encontraba en su domicilio de Nagasaki junto a su esposa y el segundo proyectil nuclear arrasó la ciudad. Sin embargo, la búsqueda de su nombre en Google arroja la risible cifra de 209 resultados, solamente 36 si excluimos los repetidos, y absolutamente ninguno en español. Eso, en el ciberespacio, es exactamente lo mismo que no haber existido.

Estoy seguro de que habrá muchas personas que envidien la suerte que ha corrido la memoria del señor Mishima, y que preferirían tener mucha menos presencia en los medios de comunicación de la que tienen, e incluso, a ser posible, ninguna. Ahí tienen a Mariano Rajoy, por ejemplo, que lo lleva intentando desde que es Presidente del Gobierno, con su contumaz negativa a rendir cuentas en ruedas de prensa, limitándose a comparecer a través de una pantalla de televisión (y aun así eso le parecerá demasiada exhibición pública, pobrecito, no le vayan a hacer alguna pregunta incómoda). O el caso de la presidenta Cospedal, que llevaba más de un mes sin decir ni pío en público, desde su última metedura de pata, pero que ha vuelto a abrir la boca y ha vuelto a subir el pan.

En momentos así, tras semejantes torpezas, antaño solíamos pedir que se nos tragara la tierra, como metáfora del deseo de desaparecer de la atención pública, de no andar en boca de todo el mundo a causa de nuestra majadería. Ahora, cuando cualquier detalle de nuestra conducta pública (y a veces también de la privada, por desgracia), por nimio que sea, se multiplica sin control a través de la red de redes, ese deseo no hay más remedio que formulárselo al señor Google, quien, exactamente igual que hacía la madre Tierra en la versión clásica, no nos hará ni puñetero caso, pero por intentarlo que no quede.

intemperieLibroJesús Carrasco, Intemperie (2013). De la novela de debut de Jesús Carrasco se supo que numerosos agentes literarios extranjeros se habían interesado por los derechos antes incluso de que se conociera su fecha de publicación en España, que finalmente fue el pasado enero. Algo le verían a esta historia seca, angustiosa, incluso brutal a ratos, de la que el autor elimina intencionadamente cualquier referencia concreta. No hay nombres, ni topónimos, ni fechas. Solamente arquetipos y lugares y momentos indeterminados y, por tanto, universales, para que nos podamos centrar en lo que realmente importa: la exposición de un alma todavía inocente a la intemperie más cruda, a un entorno extremadamente hostil pero con dosis de dignidad humana, que va a dejar una huella indeleble en el niño protagonista. De momento no he podido averiguar si hay posibilidad de que se adapte al cine, pero está claro que esta novela lo está pidiendo a gritos.

radiohead-ok-computerDiscoRadiohead, OK Computer (1997). La banda de Thom Yorke saltó a la fama (a medias) casi por casualidad. Como ha ocurrido muchísimas veces en el mundo del rock, después de que su primer single, Creep (1992), pasara sin pena ni gloria por las listas británicas (la BBC apenas lo radió dos o tres veces porque decían que era demasiado deprimente), alguien al otro lado del charco lo redescubrió casi un año después y le dio el empujón que no había tenido en un primer momento. Aun así, hubo que esperar cuatro años más para que este tercer álbum de Radiohead supusiera su consagración definitiva como uno de los grupos de referencia de finales de los noventa y principios de los dos mil. Temas destacados de este disco, como Paranoid Android, No Surprises y, sobre todo, Karma Police, están bastante por encima del nivel medio del rock mundial de la última década del siglo pasado, algo que, todo hay que decirlo, no era muy difícil de conseguir. En nuestro país, es curioso comprobar cómo actualmente se reivindica su influencia (Vetusta Morla son quizás el ejemplo más destacado) mientras su popularidad ha caído en picado.

the-road-la-carreteraPelículaJohn Hillcoat, La carretera (2010) [The Road, 2009]. Ya he mencionado la angustia al hablar más arriba del libro que recomiendo esta semana. Pero vuelvo a ella porque si hay una palabra que defina lo que se siente al ver esta película es ésa sin duda alguna. De hecho, la cinta, basada en la novela homónima de Cormac McCarthy (también autor de No es país para viejos), guarda unas cuantas similitudes con la narración de Jesús Carrasco: no sabemos, y nunca llegamos a saber del todo (solamente nos lo hacen intuir poco a poco), qué es lo que ha ocurrido exactamente para que los protagonistas de la historia se encuentren en la situación actual; también, igual, que en Intemperie, seguimos a un niño y un adulto en un viaje por un camino plagado de peligros y con escasas ocasiones para el refugio o el consuelo; y, al final, uno se queda con esa sensación que se tiene después de haber visto, o leído, una historia muy bien contada, a pesar de haber sufrido mucho con los personajes. Es entonces cuando decimos eso de: “Qué buen mal rato acabo de pasar”.

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