Sueldos altos para políticos competentes

26 Agosto 2012

  • Los avances, aún tímidos, en materia de transparencia permiten hoy al ciudadano saber que un senador como Vicente Aroca cobra unos 300.000 euros por ocupar un escaño en el Senado durante toda una legislatura. ¿Es una cantidad excesiva?

Es una falacia afirmar que los sueldos de nuestros políticos son altos. Podemos discutir acerca de sus privilegios, de sus exenciones fiscales, o del número de diputados –nacionales, autonómicos y provinciales- y senadores… pero parece claro que ejercer como administrador de los recursos de todos y ser representante de la soberanía nacional es un trabajo muy exigente y cargado de responsabilidad que, como tal, debe estar generosamente remunerado. Además, no hay que olvidar que para ejercer la política al más alto nivel quien lo hace tiene que abrir un paréntesis en su carrera privada, a veces ya para siempre. Por otro lado, una clase política bien pagada será más resistente a tentaciones pecuniarias (y de otros tipos) ilegales o inmorales que tan a la orden del día están.

Partimos, por tanto, de la base de que los sueldos de los políticos españoles no son galácticos ni, posiblemente, desproporcionados. Es cierto que para justificarlos es discutible el argumento de que son más bajos que la media de los de la UE, porque también el sueldo medio del común de los mortales lo es (por no hablar del salario mínimo interprofesional). Pero no menos cierto es que cualquier empresario mediano –y muchas veces mediocre- gana, con creces, más que el presidente del Gobierno.

El problema es otro. El problema está en que los sueldos de los políticos resultan excesivamente altos por el increíble grado de incompetencia de esta casta que dirige nuestros destinos. Da la sensación de que el que el político lo es no por vocación ni por brillantez sino porque no vale para otra cosa. Mientras en la empresa privada vemos a excelentes profesionales hipercualificados, con másteres e idiomas, sobreviviendo con poco más de 20.000 euros anuales, o a investigadores mileuristas que terminan tirando la toalla, nuestras instituciones están llenas de gente que ni siquiera sabe utilizar su propia lengua, ineptos, oportunistas y caraduras que han encontrado en la vida pública una fácil vía de escape a la dura competencia del ámbito privado.

A priori, los 75.000 euros anuales de dinero público que se embolsa Vicente Aroca por ser senador del Reino de España, con portavocía incluida en la comisión de Economía y Comercio, no parecen hacer justicia a la enorme carga de trabajo, responsabilidad y preparación que debe exigir esta tarea. Es más, el esfuerzo para compaginar el cargo con el de alcalde de una población de más de 16.000 habitantes se nos antoja sobrehumano. O eso, o el cargo de senador se reduce a apretar un botón verde o rojo según las órdenes del partido, o si el cargo de senador se ejerce con propiedad la alcaldía está descuidada. Si en el ámbito privado lo normal es ejercer una sola ocupación, en muchas ocasiones desbordante, ¿cómo pueden los políticos acumular cargos tan alegremente?

Además de una ingente capacidad de trabajo, la alcaldía de La Roda y el escaño en el Senado exigen unas habilidades intelectuales muy por encima del común de los mortales, encauzadas en una preparación académica sobresaliente, que nunca estaría lo suficientemente pagada con 75.000 euros. Por tanto, si esta cifra escandaliza es sólo por quién la percibe: un político del nivel de Vicente Aroca, que difícilmente superaría una oposición, difícilmente sacaría un 5 en un examen de los fáciles para refrendar el consentimiento que le dan los ciudadanos en la urnas de cobrar del dinero de todos.

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