Opinión
Belén vive a la sombra
Supongamos que estamos en Madrid, a 40º, latitud norte: el 21 de diciembre (solsticio de Navidad) el Sol nos alumbra 9 horas y 20 minutos. En el mismo lugar, cuando llegue el 20 de junio (solsticio de san Juan) nos acompañará el mismo Sol 15 horas y seis minutos. Es decir, desde ahora mismo, cada día tenemos dos minutos más de sol. Para luego regresar. El ritmo de la Naturaleza genera la celebración de las fiestas: grandes hogueras “lumen Christi” en Navidad. Grandes hogueras, junto al mar, por san Juan. Contra el ritmo de la Naturaleza, el biorritmo cultural, que debiera acompasarse, lo rompió la privacidad de la propiedad. ¿Cómo explicar que en Navidad, naciendo el Sol, donde el Nacimiento se ubica, hayan muerto seis palestinos bajo la metralla israelí, sobre un territorio, que debiera ser compartido por dos Estados? Miles, más de 70.000 almas, han visitado Belén. “¿Cómo podemos ser el centro del turismo religioso, rodeados de un muro?”, dicen en la Cámara de Comercio de Belén, ciudad palestina a nueve kilómetros de Jerusalén y separada de él por una valla/muro de ocho metros de altura, a cuya sombra vive. El informe de mayo de 2008, emitido por la Oficina para la Coordinación de la Ayuda Humanitaria de la ONU en los Territorios Ocupados Palestinos confirmaba que se encontraban construidos 409 de los 721 Kilómetros proyectados.
La oposición de Obama, el importe de la obra, los recursos interpuestos ante la Justicia, han contribuido a la actual detención de las obras. Hace cinco años que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya dictaminó la ilegalidad de la barrera, que convierte en una pesadilla la vida de decenas de miles de palestinos campesinos, que vieron cómo sus campos quedaban del otro lado; que universidades, colegios y hospitales quedaron aislados. En algunos puntos, hay poblados rodeados por el muro por todos los costados. La naturaleza reinicia su ciclo para todos, pese al hombre, que erige muros para salvaguardar la injusta propiedad. Por la propiedad de los bienes se mata, incluso en Navidad. Dice un dicho, que Eduardo Mendoza cita, que el pobre, cuando no se mata, baila. La Fundación Baile de Civilizaciones os invita a respetar el Sol, que nace, pese a las sombras de los muros.
Manuel Pérez Castell
Diputado de España por Albacete


