Carta de un nadador indignado (en 2003)

30 octubre 2009

Los nadadores del Club Natación La Roda firmaron esta carta en la que denunciaban el retraso en la apertura de la piscina climatizada… hace siete años

“Mmm…¿qué hora es? Llevamos 11 años haciéndonos esa misma pregunta a la misma hora. Son las 8 de la tarde. Vaya, voy a hacer la mochila que me tengo que ir ya. Parece que esta noche va a ser frí­a…pero al mal tiempo buena cara. ¿Estamos ya todos? Venga, que se nos hace tarde y no nos da tiempo a calentar. Mi padre aún no ha llegado, se habrá retrasado, no le dejan salir del trabajo 5 minutos antes. El mayor de copiloto, los pequeños atrás. Parece que hoy hay tráfico, estos madrileños y sus puentes… Unos hablan de su colegio, otros del entrenamiento que les espera; unas veces risas, otras caras de circunstancias, cuchicheos, quejidos…Aún no sé qué estudiaré, puede que me quede alguna para septiembre, tendré que dejar de venir algún dí­a, me quita mucho tiempo, lo primero es lo primero; nunca hay que renunciar a lo que te gusta; ¿nunca?…

Por fí­n llegamos, no hay sitio para aparcar. ¿Llevas 1€ para la taquilla? Otra vez tarde, espero que el entrenador no se enfade; cámbiate rápido. Ya llevan 2 series y nosotros poniéndonos el gorro. En esa calle hay menos gente. Alfonso, ¿qué hay que hacer?

¡Puff! Me duele el hombro. Mejor será que me salga, que las tendinitis no son fáciles de curar. Si hubiese calentado antes (me dice el entrendor); ya, pero he llegado tarde y no he podido; venga, sécate y no estires. Me siento en un banco anhelando que se salga alguien. No tardan. ¿Y a ti qué te pasa?; que hoy no tengo ganas de nadar, ¿y a ti?; me molesta un poco el hombro, prefiero no forzarlo; ¿compites este sábado?; ya veremos, el Pepe me ha apuntado, pero voy algo apurado y tengo que quedarme a estudiar…Miro el agua, pero la atención se centra en el reloj. Son las 21:45. Si lo llego a saber no vengo. Mi compañero de tertulia dice que se va a casa. Mañana nos vemos; hasta mañana.

Por fin terminan. Otro entrenamiento terminado, otro dí­a menos para el Regional. Gandul me llaman algunos, otros se recuperan como buenamente pueden. Parece que ha sido duro. Duchaos rápido que nos tenemos que ir. Es gracioso verlos. Casi a medias de vestir, algunos con el bocata en las manos, en la otra el peine, bajando escaleras…¿Con quién me voy? Yo vivo cerca de ti, me pilla de paso. Ponte el gorro que os constipáis y luego no vení­s. De nuevo estamos en la autoví­a. Cuánta lucecita de coche, pero ahora en nuestra dirección vamos solos. Me asomo por la ventana, hay luna llena, está despejado. Este año de momento no nos ha nevado; tranquilo, todo llegará; ¿te acuerdas aquel año que no se veí­a la autoví­a?; sí­, en el todo terreno, a 60, por el centro, cagaicos de miedo, ¿verdad?… Viejas batallitas de tantos viajes, anécdotas curiosas de dí­as pasados. Ya no hay tanto jolgorio. Algunos se quedan dormidos. Con 9 años es normal que estén así­, son las 23:15 y vamos por La Gineta. Aquí­ tuvimos ese percance con el cono; gracias a la grúa, que si no dormimos aquí­…risas. Vuelvo la cabeza a la ventanilla: Me pongo a pensar…

Llevamos 11 años nadando todos los dí­as (o casi) y hay una cosa que nos resulta muy graciosa: cada año oí­mos que en un par de años podremos en vez de ir a nadar en coche, andando. Vaya, eso creemos recordar que lo oí­mos en el 98, estamos en el 2003. Algo pasa aquí­…”

David y el resto de nadadores de La Roda

Comparte con tus amigos










Enviar