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Miércoles, 08 de febrero de 2012

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El loco de la columna

Riesgo, con amplitud de miras

15/10/2009 | Por | Sección: El loco de la columna | | | Imprimir

A pesar de la riqueza de su dieta, España es un paí­s de comida rápida. Las prisas nos hacen digerir de forma instantánea, para que en unos pocos minutos ya se nos haya olvidado. Así­ se comportan los medios de comunicación, no sólo lí­deres de opinión, sino también reflejo de la sociedad. Si se presenta una situación con varias posibles repercusiones, la prensa, por supuesto, va a elegir la más extrema. Tiende al dramatismo, a lo más espectacular, a lo más llamativo, a lo más rentable económicamente. Y luego, se olvida.

Es el caso de la gripe porcina. ¿Alguien se acuerda de qué es esto? Gran ejemplo el que dieron los ganaderos, recordándonos que no sólo los medios determinan la opinión pública. Desde su presión, la prensa no ha parado de hablar del virus de la gripe A. Un riesgo para la población mundial que se presentaba como una epidemia letal. Sin embargo, ésta era sólo una de las opciones.

La aparición del virus encendió todas las alarmas de la comunidad internacional. Una nueva enfermedad se propagaba de una manera casi inmediata por todos los rincones del mundo. Mataba a personas, jóvenes en su mayorí­a, fuera de la temporada habitual. A las pocas semanas, la OMS habí­a declarado el nivel seis de alerta, el que decreta la existencia de una pandemia. Desde la organización sanitaria insistieron en que su decisión se debí­a a la expansión del virus, no a su gravedad. Los medios trasladaron el mensaje, pero pronto lo obviaron y se lanzaron a publicar cada estornudo que se producí­a en el planeta.

No habí­a dudas de la “velocidad sin precedentes”, como señalaba la OMS, que habí­a alcanzado la gripe, ni de su facilidad para el contagio, ya que los casos se multiplicaban rápidamente. El peligro, más allá de las primeras muertes que se cebaron mayoritariamente en personas con patologí­as previas, provení­a de la posible mutación del virus. Las autoridades sanitarias señalaban que un posible cruce entre la cepa conocida, proveniente del cerdo, y la gripe estacional o la aviar, instalado en algunos puntos de Asia, sí­ que podrí­a convertir el mal en algo realmente grave. Por no hablar de la posibilidad de que el virus entre en contacto con alguna de las miles de enfermedades que existen en África.

Dependí­amos en esos momentos y seguimos dependiendo ahora de que esa mezcla no se produzca. Pero, ¿cómo prevenir que un virus no entre en contacto con otro, cuando el contagio se ha extendido a todas las regiones del mundo? Los medios de comunicación crearon la alerta desde las perspectivas actuales, algo que no sólo es falso, sino peligroso. Lo que parecen haber olvidado ya es que la OMS sólo trabajaba con un escenario “devastador” si se produjera esta hipótesis.

La alerta es real, pero futura e hipotética. De momento, parece que el fin del mundo no está próximo. El paso del invierno austral en algunas zonas del hemisferio sur no ha transformado la pandemia en una epidemia letal. Pero el riesgo es latente. Al igual que ocurrió con el H5N1, el virus de la gripe aviar, los médicos recuerdan que no tiene porqué producirse en unos pocos meses o en un año, aunque de producirse la mutación en algún momento, la población mundial estará en peligro.

En ese momento no servirán ni las vacunas que ya ultiman las autoridades sanitarias. El antí­doto se prepara en función a la cepa actual, pero ¿cómo enfrentarse a algo que desconocemos? Deberí­an prepararse nuevas vacunas, pero ya hemos comprobado que su elaboración requiere al menos cinco o seis meses. La Comunidad de Madrid prevé que un tercio de su población puede contagiarse, un porcentaje similar al del resto de España. Con una gravedad como la actual, la enfermedad no pasará de unos sí­ntomas leves para la gran mayorí­a, pero con un virus nuevo, las consecuencias podrí­an ser nefastas.

Las repercusiones ya han comenzado a brotar. Las consejerí­as de Sanidad de las distintas Comunidades advierten de que se podrí­an saturar los centros hospitalarios o las empresas calculan que las bajas laborales les podrí­an costar hasta 1.000 millones de euros. Son daños reales, pero menores. Los medios de comunicación deben tener presentes las advertencias de la OMS, cuando apuntaba que la gripe española de 1918 tuvo un inicio leve, pero a los seis meses reapareció “de una forma mucho más letal”. No es tanto el peligro inmediato del que se deben ocupar, sino del futuro. La prensa y la sociedad caen en uno de los vicios más extendidos. La mirada a corto plazo no les permite ver el gran riesgo que tienen por delante.

Ismael Monzón

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