El loco de la columna
Guerra mediática
15/06/2008 | Por Crónica La Roda | Sección: El loco de la columna | | |Se acabó la guerra. Oficialmente, un reducido sector de los transportistas mantiene la huelga, pero la situación está lejos de lo que hemos visto estos días precedentes. Los camioneros son un gremio con poder. Como parece ser en apenas 72 horas pueden bloquear un país. Se ha hablado mucho de la inacción del Gobierno y de la tardanza en establecer medidas disuasorias. Pero valoremos los hechos en sus justos términos.
Las dificultades no han durado más de tres días. En ese tiempo, los huelguistas, que no eran más de un 20% de todos los transportistas que trabajan en España, se han encargado de cortar las carreteras e impedir a quienes no respaldasen la huelga que trabajaran. Sus reivindicaciones son legítimas; la imparable subida del precio del petróleo repercute especialmente en este sector. Pero también es cierto que el Gobierno tiene poco margen de maniobra. Los impuestos que se gravan sobre el carburante provienen de Bruselas y España los mantiene prácticamente en el mínimo exigido.
Aún así es comprensible la movilización. La situación es insostenible. Incluso es comprensible el ruido. Una huelga que no genere problemas está condenada al fracaso. Pero hay ciertos límites que no se pueden sobrepasar. Ir a la huelga es un derecho, pero también lo es el no respaldarla. Por eso, más allá de sus exigencias, los manifestantes no se pueden valer de sus protestas para convertir la carretera en un territorio sin ley. Allí han campado a sus anchas durante tres días. Hasta que el Gobierno decidió tomar medidas.
Como se ha repetido machaconamente, sí, tarde. Esto es algo que se viene gestando desde hace meses, no es una situación repentina. Y un Estado moderno y desarrollado no puede permitir que apenas unos pocos miles de camioneros dejen sin suministros a todo un país. Pero ahí también entra el comportamiento de los españoles.
Los comercios y las gasolineras no se han quedado vacíos por no recibir combustible y mercancías durante tres días. Lo han hecho por el estado de shock en el que parece haber entrado la población. Como si de vísperas de una guerra se tratara, las masas han acudido a llenar sus depósitos y hacerse con provisiones por lo que pueda pasar. Y todo con el estímulo que proporcionaban los más solventes medios de comunicación de nuestro país.
El martes 10 de junio, transcurridas 24 horas de la huelga, EL MUNDO titulaba a toda página: “Guía para sobrevivir al desabastecimiento”. Pero no era éste el único medio que tomaba esa posición. Sin restarle importancia al tema -que la tiene y mucha- periódicos, radios y televisiones se han encargado de sobredimensionar el problema. Y entretanto, el Consejo de Ministros de la UE, aprueba una medida para ampliar la jornada laboral hasta un máximo de 65 horas semanales. Un tema menor en estos días.
Por mucho que se afanen en vender lo más llamativo, la labor de los medios de comunicación no puede ser nunca la de provocar el pánico. Tampoco lo es ocultar los hechos. Pero aquí no han actuado (no hemos actuado) correctamente. No se puede alegar como una consecuencia directa, pero el resultado queda a la vista de todos. Los estantes de las tiendas, vacíos, y el 40% de las gasolineras en Cataluña, secas. Como si de una guerra se tratase. Ya vemos, que no era para tanto.
Ismael Monzón











