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Miércoles, 08 de febrero de 2012

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Opinión

Democracia (¿Berlusconi?)

25/04/2008 | Por | Sección: Opinión | | | Imprimir

Alguien dijo que la democracia es el menos malo de los sistemas polí­ticos, o lo que es lo mismo: el peor sistema excluidos todos los demás.

Tengo algunas dudas. Visto quienes llegan a presidentes en determinados paí­ses -algunos en dos y hasta en tres ocasiones-, se me derrumban algunas “grandes verdades” y afirmaciones grandilocuentes, harto repetidas y generalmente aceptadas por la mayorí­a.

Afirmaciones como que el pueblo es “sabio” y ha votado de esta u otra manera, además de una gilipollez, me parecen absolutamente injustificadas y absurdas. El pueblo no se reúne en un gran foro, y, después de un sensato análisis, discusión y confrontación de ideas, reparte sus votos de una forma más o menos equilibrada. No es así­.

El pueblo lo compone: intelectuales, artistas, analfabetos, pederastas, curas, indigentes, millonarios, fontaneros, funcionarios, carpinteros, putas, macarras, médicos, tenderos, ladrones, asesinos, polí­ticos, estudiantes, domadores, taxistas, maestros…, todos ellos con derecho -no podrí­a ser de otra forma- a votar. Y cada uno vota según su buen entender y/o según sus intereses. El colectivo de votantes es heterogéneo, dispar, contradictorio, en muchos casos voluble y en otros muchos manipulable, irresponsable y casi siempre insolidario. Así­ que menos demagogia y palabras para la galerí­a en cuanto a la sabidurí­a y responsabilidad de ese variopinto y diverso pueblo.

Viene todo lo anterior a cuento ante los resultados electorales de ese ¿paí­s? llamado Italia. Ese paí­s que, por tercera vez, pone al frente de su gobierno a un tipo de la calaña, decencia, seriedad y rigor de Silvio Berlusconi. “Il Cavalieri” ha sido votado presidente por tercera vez. ¡Tiene cojones la cosa…¿nostra?!

El multimillonario Silvio, propietario de la mayorí­a de medios de comunicación privados, entre otros 3 canales de TV -y ahora de todos los medios públicos-, tiene más de 70 casos pendientes con la justicia italiana. Utiliza gestos de Mussolini como una gracia y a las jóvenes que buscan trabajo les aconseja casarse con un millonario (su hijo, por ejemplo). Insulta a las mujeres de su paí­s cuando dice que él no podrí­a encontrar tantas mujeres preparadas para su gobierno como encontró Zapatero.

Provocó una crisis con Finlandia cuando se vanaglorió de sus dotes de playboy para conquistar a la presidenta Tarja Jalonen y conseguir para Parma la sede de la Autoridad Alimentaria. Sus excesos verbales con las mujeres provocó la furia de su esposa, Verónica Lario, quien en una carta a La República, le exigió excusas públicas por su comportamiento, entre otras con la ex-modelo y diputada Mara Carfagna (posible ministra de su próximo des-gobierno).

Este machista, acartonado, grosero, vulgar y hortera sujeto dice que ahora se va a comportar como un estadista (¿anteriormente no?), y va a cambiar el paí­s. No va a decepcionar a nadie pues nadie espera nada de él.

Para comenzar su papel de “estadista” solo se le ocurre crear un “Ejército del Bien” para no dar tregua a los extranjeros que no cumplan los requisitos que marca la legislación. ¿No serí­a mejor que ese “ejército” actuara contra la mafia? ¡Puede que no le interese!

Efin…Una democracia que posibilita que un Berlusconi alcance el máximo poder en su paí­s por tercera vez o que un Bush lo consiga dos veces (no puede una tercera por imperativo legal) no puede por menos que producir una honda preocupación. Un sistema que eleva a su máxima instancia a personas simplemente por ser “muy conocidas” y por tener una tremenda maquinaria de marketing, financiada con ingentes cantidades de dinero, la mayorí­a de las veces de muy dudosa procedencia, no deja de ser un sistema, como mí­nimo, cuestionable y, en estos dos casos a los que me refiero -Bush y Berlusconi-, pervertido y despreciable.

Como hemos comenzado este artí­culo cuestionando algunas “grandes verdades” del sistema democrático, uno -el que esto escribe- quiere terminar igual. Puede parecer un disparate, pero, realmente, dado el resultado electoral de esos dos grandes paí­ses -EEUU e Italia-, y las nefastas consecuencias, se me ocurre que, al menos para esos casos, yo decidirí­a el nombre del presidente por sorteo. Sí­, he dicho por sorteo entre los voluntarios que optaran a ello. Elegirí­a presidente, por sorteo, entre aquellos que, voluntariamente quisieran serlo.

El “nuevo sistema”, además de más barato y menos hipócrita, no premiarí­a a los más corruptos y, al menos, habrí­a un 50% de posibilidades (yo creo que más, pues es mayor el porcentaje de personas honradas y capaces) de ser presididos por gente válida. Silvio y Bush no ofrecen -¡ni de lejos!- un porcentaje tan alto de aciertos, y, además de grandes desastres-producidos por ellos-, nos salen muy caros y se rí­en de nosotros.

POR FERMÍN GIL ALONSO

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