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Miércoles, 08 de febrero de 2012

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El loco de la columna

Un Gobierno de izquierdas

3/03/2008 | Por | Sección: El loco de la columna | | | Imprimir

Se acabó el tiempo de las promesas. Zapatero y Rajoy enfilan la última semana de campaña con la única intención de convencer a sus votantes más dubitativos. No a los indecisos, sino a sus votantes potenciales, que aún no están convencidos de si van a ir a votar. Rajoy lo tiene fácil, su electorado es fiel. Y visto lo visto, también Zapatero. Aunque más por demérito del rival que por méritos propios.

En la derecha se han empeñado en hacer su discurso cada vez más radical. Cada vez más a la derecha. Lo constata su empeño sobre la inmigración, que roza, si no sobrepasa la xenofobia. También la vuelta al discurso terrorista. Y ni siquiera están sabiendo aprovechar el filón que les podí­a haber otorgado la mala situación económica. ¿Por qué se empeñan en ponerle a Pizarro el calificativo de fichaje estrella? Él solo se ha encargado de diluir el mejor argumento con el que contaba la oposición para hacer frente al Gobierno.

La estrategia ahora es llamar a la abstención. A la abstención de los votantes de izquierdas, por supuesto. Saben que es su única esperanza de ganar unas elecciones, que desde Génova, ya muchos dan por pérdidas. La cúpula más dura del PP, entiéndase Acebes y Zaplana, no se han dejado ver en ninguna ocasión en los últimos meses. Saben que están quemados polí­ticamente. Como quemado estará Rajoy dentro de una semana, precisamente por no haber sabido desmarcarse de éstos. Está bastante claro, Rajoy perderá las elecciones y será el tiempo de la renovación. El tiempo que muchos dirigentes del Partido Popular esperan para afrontar la sucesión.

Por mucho que desde el PSOE mantengan la compostura, la duda está en el margen por el que ganarán. Y ahí­ está la clave, si lo que queremos es un Gobierno de izquierdas. Analicemos la situación. España vení­a de ocho años de un Gobierno de derechas. Al margen de guerras, Prestiges, decretazos y todo tipo de despropósitos, estamos hablando de un periodo en el que la economí­a se relanzó, gracias a un modelo que el PSOE ha mantenido los siguientes cuatro años, sin apenas variaciones. El crecimiento era mayor, se creaba más empleo, pero ahora salen a la luz todos los problemas.

Los contratos son cada vez más pobres. El crecimiento era posible gracias a algo tan recomendable como la moderación salarial, que los sindicatos aceptaron con satisfacción. El crecimiento era el de unos pocos, el de las grandes empresas. Y si ahora el ritmo no ha descendido con brusquedad es gracias a compañí­as como Telefónica, el Banco Santander o el BBVA, que ganan en conjunto unos 25.000 millones cada año. Ellas dinamizan la economí­a, pero no por ello generan más bienestar. La realidad es que las familias tienen cada vez menos poder adquisitivo, que los más preparados cobran cada vez menos, y que ahora además se destruye empleo.

Ninguno de los dos partidos mayoritarios han citado hasta el la precariedad laboral, han pasado de puntillas sobre la educación y todaví­a siguen sin tomarse en serio el asunto del cambio climático. El PSOE se enzarza en los debates que pone en juego el PP, sin la posibilidad de desarrollar unas polí­ticas que son las que verdaderamente importan. Las que benefician a un electorado que deberí­a ser el suyo, el de la izquierda.

Por eso se antoja fundamental el protagonismo de una formación que se mantiene al margen de estos debates. Que se preocupa por las necesidades no de un paí­s, sino de sus ciudadanos. Eso es lo que representa Izquierda Unida. Es el único contrapeso que puede forzar al Gobierno a afrontar polí­ticas de izquierdas. Medidas que se mantengan al margen del ruido que emite el PP desde la oposición.

Cuatro años más del PSOE en el Gobierno con una representación exigua del resto de grupos, serí­a prácticamente como otorgarles la mayorí­a absoluta. Y si contemplamos el legado, en lo que a condiciones sociales se refiere, el panorama es bastante mejorable. Puede volver a gobernar únicamente el PSOE o puede gobernar la izquierda. Son las únicas alternativas reales. La diferencia está en que exista un grupo que pueda condicionar y presionar al Ejecutivo socialista para llevar a cabo esas polí­ticas que hasta ahora han pasado inadvertidas. Izquierda Unida es el único partido en condiciones de cumplir esta función. Ése es el auténtico voto útil, el que puede ayudar a cambiar una realidad.

Ismael Monzón