El loco de la columna
Más allá del bipartidismo / y 2
17/02/2008 | Por Crónica La Roda | Sección: El loco de la columna | | |La competencia por el Gobierno es cosa de dos. PSOE y PP se disputan, en medio de trifulcas, debates inocuos, promesas y contra-promesas -que muchas veces no se cumplen y otras desearíamos que no se cumplieran- el asedio a La Moncloa. El sistema se conformó para ser bipartidista y eso no se puede cambiar, al menos con esta ley electoral. Pero las opciones de voto no son bipolares.
La mayoría de los votantes deposita su voto con la esperanza de que éste coincida con el partido que gane las elecciones. Es el votante convencido. Algo muy grave tiene que ocurrir para que cambie su tradicional decisión. Pero el juego democrático no acaba aquí. También existe una gran cantidad de gente que vota por reacción. Es decir, no les convence plenamente ninguno de los dos candidatos, pero no quiere bajo ningún concepto que gane su oponente. Estamos hablando del llamado voto útil.
Se trata de un fenómeno que ocurre mayoritariamente entre la izquierda, ya que mientras el PP monopoliza el voto de la derecha, el electorado progresista se decide entre PSOE e IU. A los socialistas les interesa que este elemento siga presente. Y de ahí, la tensión que Zapatero quiere mantener en la campaña. La consigna es la de presentar las elecciones como una carrera ajustada, de forma que su electorado natural decida darle el voto a él y no a Llamazares o a los nacionalistas -donde concurran- con la idea firme de que no sea Rajoy quien gobierne.
Por supuesto que Mariano Rajoy está completamente deslegitimado para gobernar. Y que ni él, ni su equipo de Zaplanas, Acebes y demás no deberían volver a sentarse en unos asientos que tan irresponsablemente ocuparon de los días 11 al 14 de marzo. Pero tampoco conviene darle al PSOE un voto en blanco para gobernar otros cuatro años. No por razones estructurales, sino por la propia coyuntura, por la actuación del Gobierno en los últimos tiempos.
Haciendo balance, la legislatura ha tenido sus puntos buenos y algunos asuntos más oscuros. Aunque el principal problema ha llegado a unos meses para los comicios. La situación económica -esa que parecía ir tan bien- resulta que no iba tan bien. Y los problemas trasnochados que existían, ahora salen a la luz. El paro se incrementa como nunca, lo mismo pasa con la inflación, y el poder adquisitivo de los españoles cada vez es menor. No se trata del apocalipsis, como afirma el PP, simplemente están cambiando los patrones de crecimiento y hay que estar preparados para la evolución.
La respuesta del PSOE es la de apaciguar los ánimos, pero sin ofrecer medidas eficaces. El reto es importante y, hasta ahora, en la campaña electoral no hemos escuchado nada sensato. Mucho ruido de trompetas, pero los mensajes son vacíos. Eso en el mejor de los casos, porque en otros, como en la famosa propuesta de los 400 euros, lo que se está haciendo es comprometer los impuestos que los españoles pagan para recibir más servicios a cambio. Esto es lo que ha ofrecido históricamente la derecha, así que nos estamos metiendo en caminos pantanosos.
Lo que nos encontramos, pues, son dos partidos que no sabemos dónde nos quieren llevar y además, enormemente enzarzados. El tono de los mítines cada vez es más virulento y los debates en los que deberían explicar sus propuestas se convierten en una trifulca con los cuchillos bien afilados. Así, paradójicamente, el partido que siempre se ha identificado como el más radical -dentro del ámbito estatal- parece ahora el más calmado. Aunque siempre intervienen, hace tiempo que los comunistas pasaron a un segundo plano en Izquierda Unida. Lo que ofrece la coalición de izquierdas es un programa basado en unas políticas más cercanas a los trabajadores y de compromiso con el medio ambiente, otro de los mayores retos a los que se enfrenta no sólo España, sino el planeta entero en los próximos años.
No se postula como un partido con opciones de gobernar. Ni siquiera tienen un líder con un carisma especial, como sí lo tenía Julio Anguita. Pero parece que hay más ideas -eso que tanto se ha devaluado en detrimento de la imagen- para afrontar el futuro. Es el perjudicado por el voto útil, sin embargo, parece la única opción para decantarse por el voto constructivo y no por el destructivo. Puede ser que en el hipotético caso de que formaran parte de un Gobierno en coalición, afloraran las discrepancias o quedaran en evidencia ciertas incapacidades, ya que nunca han estado en posiciones de responsabilidad. La única forma de que nos decepcionen y pasen a formar parte del resto de partidos enquistados, es dándoles una oportunidad.
Ismael Monzón Tomé











