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Miércoles, 08 de febrero de 2012

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El loco de la columna

La corta Historia de nuestro himno

28/01/2008 | Por | Sección: El loco de la columna | | | Imprimir

Banderas, himnos y deporte. Es todo lo que necesita un territorio para convertirse en una nación. Son iconos que apelan al sentimiento de una sociedad, la mejor ecuación para alimentar el orgullo patrio. Banderas que exhibir, himnos que cantar y selecciones a las que animar.

En España de banderas vamos bien servidos. En cuanto a selecciones, nos quedamos con el fútbol, que aunque alegrí­as nos da pocas, todaví­a moviliza a la gente con la eterna esperanza de que algún dí­a llegará nuestro dí­a. El problema está en el himno. Esa melodí­a que eriza el vello de algunos, pero que no tenemos muy bien cómo expresar. ¿Cómo vamos a compararnos con estadounidenses o franceses, si mientras ellos alzan la cabeza para cantar solemnemente sus himnos nacionales, nosotros tenemos que entonar algo parecido a “chán-chán-chanchan”? Algo habrá que inventar.

Así­ que sin salirnos mucho de estos frentes, fue el propio Comité Olí­mpico Español quien propuso la brillante idea de que el himno español tuviera letra. Ese mismo himno que a alguno le eriza el vello, ahora también se podrí­a cantar. Sólo quedaba el dilema de qué cantar.

Los franceses apelan a la resistencia. En Estados Unidos no se atreven a tanto y simplemente rezan porque Dios alabe su patria. Mientras que en el Reino Unido, la obediencia va mucho más allá y prefiere que Dios se ocupe primero de su Reina y después ya veremos. Son sí­mbolos que trascienden a la Historia. Himnos centenarios, que dicen tanto como el propio nombre de su paí­s. En España, año 2008, ¿qué valores hay que reflejar, los de un pasado glorioso o los de una democracia que apenas supera tres décadas?

El resultado fue el que se podí­a esperar. Unas cuantas palabras biensonantes, que no podí­an faltar (paz, libertad, democracia…), esparcidas cómo buenamente se ha podido. Y todo ello en un marco algo chirriante para los tiempos que corren. Aún así­, independientemente de cuál fuera el mensaje, la propuesta estaba sentenciada antes de nacer. Nadie iba a estar de acuerdo, porque difí­cilmente nos podremos identificar con un himno creado de forma artificial. Cualquier ciudadano del mundo puede reconocer a Francia en La Marsellesa. Lo que es más difí­cil es que un ucraniano vaya a pensar que hablamos de España por la letra de este vecino manchego.

No es que no apele a la unidad, como se ha dicho. Es que realmente no apela a España. Seguiremos sin ver a nuestros futbolistas abrir la boca cuando suene el himno nacional. Y no por ello disminuirá el patriotismo de algunos. Además, si lo que quieren es cantar, siempre les quedará el Que viva España.

Ismael Monzón