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Miércoles, 08 de febrero de 2012

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Opinión

Un saludo a la indiferencia

7/10/2007 | Por | Sección: Opinión | | | Imprimir

Un educado apretón de manos. Con esta imagen se resume la relación entre dos de los paí­ses más poderosos del mundo, dos naciones que hace tan sólo cuatro años y medio se reuní­an en las Azores con el objetivo de declarar una guerra quizás innecesaria. Un tiempo más que suficiente para revertir unas relaciones que por aquél entonces eran más amistosas de lo necesario y que ahora se han convertido en más frí­as de lo que debieran. El motivo: romper con el anterior Gobierno del PP y con todo lo que recordase a él, aunque el precio de esta actitud llevase a la marginación internacional.

Sólo así­ se explica que la actual España pueda “presumir” de relacionarse amigablemente con paí­ses como Cuba, Bolivia o Venezuela. Se ha pasado de estar con Estados Unidos a estar contra él, cuando en realidad lo más inteligente no era ni una cosa ni lo otra. Zapatero ha confundido la idea, y ha pensado que si no se está de acuerdo con el paí­s de las barras y estrellas, hay que oponerse a su polí­tica. De esta manera, ha podido más el orgullo de demostrar la total negativa a la Guerra de Irak que el hecho de mantener una buena relación con el paí­s más poderoso del mundo.

Y es que habí­a otros caminos, los cuales no implicaban necesariamente la sumisión de antaño a Bush. No estar de acuerdo con la polí­tica del presidente “yankee” no quiere decir oponerse a sus intereses, y menos implica apoyar a sus enemigos, paí­ses que actualmente tienen un status de parias en el escenario internacional. No habí­a porqué escoger bando, pero Zapatero quiso hacerlo y optó por el perdedor, por mostrarse abiertamente contrario a las últimas decisiones de la Casa Blanca. Primero llegó la pronta retirada de las tropas españolas en Irak, en una decisión premeditada e impropia de un paí­s serio.

Digo esto porque uno de los principales deberes de un polí­tico cuando es elegido como nuevo presidente de un paí­s es asumir las decisiones de su antecesor, y, si no está de acuerdo con ellas, cambiarlas de la manera menos traumática posible. Sin embargo, Zapatero no tardó ni un mes en retirar a las tropas españolas de Irak, en traicionar un pacto que España (la España de Aznar) habí­a alcanzado con EE.UU. El resultado fue que Bush y sus aliados se encontraron casi sin margen de maniobra, dejando la imagen de España muy mal parada por traicionar unos compromisos que merecí­an ser cuidados con mayor tacto.

Aún así­, no todo estaba perdido. Pero la culminación del error llegó muy poco después, cuando nuestro actual presidente se mantuvo sentado ante el paso de la bandera estadounidense en el desfile de las tropas el dí­a de la hispanidad del 2003. Zapatero confundió protocolo con principios y con este acto hipotecó las relaciones internacionales del paí­s para los siguientes cuatro años. La lí­nea a seguir estaba marcada, y desde entonces España ha pasado al segundo plano de la esfera internacional, por mucho que ahora se presuma de ser la octava economí­a mundial. La realidad es que actualmente la opinión de nuestro paí­s no es más que un suave murmullo para los oí­dos de potencias como la norteamericana, la alemana o la británica.

Así­ pues, nuestro lugar ahora se encuentra junto a paí­ses como Mauritania, Turquí­a y Bolivia. Y no, no digo paí­ses al azar, porque estos fueron las naciones con las que Zapatero se pudo reunir durante la reciente cumbre sobre el cambio climático en la sede de la ONU. Allí­, en Nueva York, fue donde se produjo la esperada imagen del saludo entre Zapatero y Bush, la cual se limitó a un simple intercambio de mera cortesí­a. Ése es el único contacto que guardan nuestros presidentes, maquillado por infrecuentes reuniones entre Condoleezza Rice y Moratinos. Un hecho que se podrí­a resumir en indiferencia estadounidense hacia España, lo que es una triste noticia para nuestros intereses polí­ticos mundiales.

El resultado de todo ello es que Zapatero sabe que ha hecho algo mal y ahora pretende arreglarlo de manera precipitada. El interés en acudir a la cena celebrada por la ONU (donde iba a estar Bush) así­ lo atestigua. No estábamos invitados, pero la diplomacia nacional movió los hilos necesarios para estar presentes en una cita donde el tema de fondo, el cambio climático, apenas tení­a importancia. La intención era aproximarse a Estados Unidos, dar la sensación de codearse con la “crí¨me de la crí¨me”. Pero la realidad es otra, y se escribe con la palabra de la indiferencia.