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Miércoles, 08 de febrero de 2012

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Actualidad

¡NO TEMÁIS, HERMANOS!… ¡NO TEMÁIS, HERMANAS!

20/07/2007 | Por | Sección: Actualidad | | | Imprimir

¡No temáis!, decí­a Jesús a quienes, en lugar de reconocerle, lo consideraron un fantasma.

¡No temáis!, es lo que, hoy, queremos decir a nuestros hermanos obispos y a quienes padecen “temor” por un fantasma actual: La educación para la ciudadaní­a y los derechos humanos.

¡No temáis!, porque hablar de ciudadaní­a es hablar de ética y la ética no es patrimonio de ninguna religión, sino de la dignidad del ser humano. Educar para la ciudadaní­a y los derechos humanos no lleva al relativismo moral, es un ejercicio de responsabilidad como sujetos adultos, autónomos, iguales y plurales, a quienes, en primer lugar, compete ordenar este mundo nuestro y buscar los caminos para hacerlo más humano. Una ciudadaní­a que ni necesita ni admite la tutela de nadie.

¡No temáis! la separación del Estado y la Iglesia o, como reconoció el Vaticano II, la autonomí­a de lo temporal.
Es cierto que, a lo largo de la historia, la ciudadaní­a ha anotado en su “haber” barbaridades e inhumanidades (¿la paja en el ojo ajeno?). Precisamente, por eso, necesitamos educarnos en y para la ciudadaní­a y los derechos humanos. Por eso, urge, para que no las sigamos cometiendo y, por el contrario, continuemos en el camino de los logros, como han sido los reconocimientos de los derechos humanos.

¡No temáis!, es sólo un fantasma. Mirad los contenidos del Ministerio de Educación. ¿Que con ellos se puede “adoctrinar”? Ciertamente, pero no será por la materia, sino por el afán manipulador de quien la imparta. Lo mismo que se puede hacer con la filosofí­a, las matemáticas, la historia o la quí­mica, por ejemplo.

Algunos habéis hecho un llamamiento a la “objeción de conciencia” y no parece que tiene mucho sentido. Como su nombre indica, la objeción ha de partir de la conciencia de cada cual y no, de hacer lo que desde fuera le dicen. Además, en las cosas de conciencia “neque Ecclesia (ni la Iglesia)”.

¡No temáis! a que la ciudadaní­a busque los medios para que las personas piensen, analicen, critiquen y elijan por sí­ mismas. Su logro serí­a una riqueza para nuestro mundo, un triunfo para la humanidad y, en nuestros términos, un gran paso en el plan de Dios. Porque Dios nos llama a ser sujetos y no, súbditos ni menores de edad.

¡No temáis!, tampoco, a lo que llamáis “ideologí­a de género”, su nombre verdadero es “igualdad entre mujer y varón”. Eso que tanto se empeñó Jesús en decirnos, que tan claro está en el Evangelio, aunque algunos adulteran su interpretación, y que tendrí­a que ser distintivo de los cristianos. No tengáis miedo a que nuestros jóvenes se eduquen en la igualdad entre los seres humanos y en el mutuo respeto; a que aprendan que “cualquier forma de discriminación por razones de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión” es abominable (y, como dice la Gaudium et spes 29, contraria al plan de Dios).

Alegraos, más bien, porque aprendan a descubrir y denunciar tantos dogmatismos e ideologí­as u otros tipos de educación, que han inculcado la inferioridad de la mujer, su exclusión y su ser “para” el varón, con las graví­simas consecuencias que vemos cada dí­a. Porque eso sí­ es atentar contra la dignidad de las personas y, en otra dimensión, es uno de los pecados de inhumanidad más graves.

Por todo ello, hermanas, hermanos, ¡No temáis!, es sólo un fantasma.

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